Mi compañero de SingularityU Jorge Juan Fernández, que en agosto pasado escribió un post invitado muy interesante sobre las leyes que gobiernan el mundo digital, vuelve a Riesgo y Recompensa. Dede España, esta vez nos propone discutir entre todos cómo hacer para no desperdiciar el conocimiento práctico de la gente que se retira y pide nuestro consejo al respecto.
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Siempre se habla de la jerarquía DIKW (o DICS, en español): Data-Information-Knowledge-Wisdom, propuesta por Russell Ackoff (http://www.systems-thinking.org/dikw/dikw.htm). Y a pesar de que es muy nombrada, no tengo ninguna duda de que no tenemos ni idea de qué son cada una de las cosas, ni dónde empiezan ni donde acaban. Lo que sí tengo claro es que los tres primeros (Data-Information-Knowledge) han crecido de forma exponencial en las tres últimas décadas: se podría decir que hemos aprendido a «producirlos en masa». En cambio, el Wisdom (la Sabiduría) es «algo» que tengo la intuición de que no ha crecido mucho, no ya en las últimas décadas, sino en los los últimos tres mil años. Gran parte de lo que hoy entendemos por Sabiduría se puede encontrar en textos de Confucio, Lao-Tse, Sócrates, Platón y Aristóteles, de hace miles de años.
Siempre he observado que en cuanto un profesional se retira y abandona la primera línea de acción, todo ese conocimiento y sabiduría no va a parar a ningún sitio. En el caso de las ciencias o las artes sí que tenemos mecanismos para acumular lo que vamos construyendo (por ejemplo, la ciencia se construye de forma acumulativa, sobre hombros de gigantes), pero en el caso del mundo de los negocios y la política, con cada uno que se retira, se pierde un caudal de sabiduría que me parece poco inteligente dejar escapar.
El único ejemplo interesante que he encontrado es un libro que se titula «El legado de la sabiduría» («Wisdom«), de Andrew Zuckerman, el cual ha entrevistado a más de 50 experimentados personajes (todos tienen más de 65 años), reconocidos por su prestigio en varios ámbitos, como puede ser el cine (Clint Eastwood, Judi Dench), la política nacional (Ted Kennedy, Madeleine Albright), la política internacional (Vaclav Havel, Nelson Mandela), o el arte (Andrew Wyeth, Chuck Close). Como señala Zuckerman, “I approached them as people who have an incredible perspective on life based on experience—not as icons who breathe different air than we do.»
¿Por qué cuento todo esto? Porque he puesto en marcha una idea que me rondaba la cabeza durante mucho tiempo. He contactado con un antiguo directivo de una de las tres mejores consultoras del mundo, alguien que ha estado muy cerca de los primeros niveles directivos durante las últimas décadas, y el cual ha accedido a verse conmigo durante una hora.
Mi idea no es mantener con él una sesión de coaching tradicional (que él saque cosas de mí que yo ya tengo dentro): entiendo que ni es su negocio (y que sí lo es en cambio de otros) ni quiere que lo sea. Yo valoro muy positivamente tener la posibilidad de poder charlar ocasionalmente con él, una persona que ha tenido una amplia exposición al mundo empresarial, desde una perspectiva de adviser.
Supongamos (que es cierto) que sólo tendré una hora con él, y que en cualquier caso, si accede a que nos sigamos viendo en el futuro, nunca dispondremos de muchas horas juntos. ¿Qué preguntas le harías? ¿Cómo lo enfocarías? ¿Qué estrategia es la más inteligente utilizar? ¿Cómo lograr que todo lo que ha aprendido durante más de 40 años de experiencia profesional al primer nivel no desaparezca ahora que ya no está dedicado al mundo empresarial?



