Muchas veces, cuando cuento la historia de Officenet, hago el chiste de que nosotros lanzamos Officenet en Brasil por error. Después siempre aclaro que no es que la decisión haya sido equivocada. Muy por el contrario, fue de las mejores decisiones que tomamos en nuestra historia como empresa. El «error» fue que si yo hubiera sabido realmente lo que es Brasil, no me hubiera animado ni a intentarlo.
Yo creía que Brasil era un país más o menos como el mío. Un poco más grande nomás. Y que la barrera más grande era el idioma. No saben lo equivocado que estaba. Brasil es un país de unas dimensiones colosales. Yo crecí toda mi vida en una ciudad grande como Buenos Aires, y varias veces me encontré a mí mismo mirando Sao Paulo con los mismos ojos pueblerinos con los que me imagino que alguien que se crió en el campo ve la Avenida Corrientes por primera vez. Es un país que aprendí a admirar enormemente.
Si por alguna razón tuvieras que lanzar un negocio en Nueva Zelanda, seguramente encararías la experiencia con la mente bien abierta. No tendrías idea de cómo son culturalmente los neocelandeses a la hora de hacer negocios o interactuar con los demás y encararías la experiencia sin preconceptos. El problema con Brasil es que los argentinos creemos que sabemos lo que es Brasil. Y la gran mayoría no tenemos la menor idea. Al menos yo no la tenía hasta que me encontré a mí mismo penando para tratar de construir una empresa exitosa allá.
El mayor problema que yo encontré es que además de que Brasil es distinto de lo que creía, los brasileros también lo son. Las diferencias culturales son muy grandes y eso lleva a grandes malentendidos.
En los comentarios del post sobre mi último viaje a USA, Nic Rosental hizo un análisis espectacular de las diferencias culturales y los preconceptos que existen entre estadounidenses y europeos. Para evitarles a otros mis errores, me gustaría tratar de construir juntos acá algo parecido entre argentinos y brasileros. Así que invito a los lectores que hayan interactuado con ambas culturas a que lean lo que escribió Nic y me ayuden a armarlo. La perspectiva uruguaya, por su equidistancia, es especialmente interesante. El objetivo es mejorar el entendimiento de las diferencias y así la mutua comprensión.
Para cerrar, voy a largar el proceso con una anécdota que ilustra bien lo que para mí es el quid de la cuestión.
Hace unos años atrás estábamos necesitando una consultoría de recursos humanos para Officenet do Brasil. Yo le pedí a la gerenta de RRHH que agendara entrevistas con varios consultores posibles para mi siguiente viaje. Entre los elegidos estaba Víctor Baez, un argentino que vivía en Brasil hacía 30 años haciendo consultoría en cuestiones de estrategia con Claudio Galeazzi y a quien yo conocía de una ocasión anterior. Previendo que su especialidad no era recursos humanos, yo comencé la entrevista siendo directo como acostumbro ser, tratando de ahorrarnos tiempo a todos. Le dije: «Mirá Victor, yo sé que vos sos consultor en temas de estrategia. Nosotros NO necesitamos consultoría de estrategia en este momento sino de RRHH. No trates de convencernos de que nuestro problema es estratégico porque no lo voy a comprar, OK? Bueno, ahora empecemos con la reunión».
Después de un rato largo de charla, la conversación derivó al tema de las diferencias culturales entre argentinos y brasileros. Y ahí el me dijo: «¿Sabés por qué tienen problemas de Recursos Humanos ustedes? ¿Viste esa introducción que hiciste al comienzo de la reunión sobre la consultoría estratégica, donde claramente me ‘marcaste la cancha’? Vos lo hiciste con la mejor voluntad de ser expeditivo y claro, no es así? Bueno, si un brasilero hubiera querido decir eso mismo que vos dijiste en un minuto, hubiera hablado media hora y aún así no hubiera logrado decirlo. Pero a la vez, un brasilero que te escucha a vos decir eso piensa automáticamente que sos un soberbio, un maleducado y un idiota«. Y le preguntó a la gerenta de RRHH y al Gerente General de ON Brasil: «¿No es así?». Los dos, pálidos, asintieron con la cabeza.
Así aprendí que durante mis primeros años en Brasil yo era un elefante en un bazar. Vaya uno a saber, simplemente por ser como soy, a cuántas personas ofendí sin siquiera saber que lo estaba haciendo. En muchos sentidos, los argentinos somos frontales como los norteamericanos y los brasileros son como los japoneses, que no tienen una palabra para decir «no» en su idioma. El portugués la tiene pero es de mala educación usarla de manera directa.
Foto: Daniel Duende
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