Como cuento en la charla «El futuro del futuro», los avances científicos y tecnológicos que se avecinan en los próximos años van a permitirnos modificar los aspectos más sensibles de la especie humana y otros seres vivos.
En la charla, entre otros cambios radicales, discuto los avances que nos brindarán la posibilidad de «diseñar» personas, crear nuevas especies vivas, modificar y «mejorar» nuestros cuerpos y nuestras mentes, desarrollar nuevas formas de inteligencia (no biológica) o terminar con la muerte extendiendo indefinidamente la vida.
Durante miles de años, las personas creyentes atribuyeron a Dios el haber llevado a cabo todas esas tareas. Los no creyentes las atribuimos a la selección natural, los fenómenos emergentes y otras fuerzas no sobrenaturales (hace tiempo expresé mi visión del tema en este post). Pero en ningún caso se pensó hasta ahora a la vida o la inteligencia como fruto del diseño humano.
Mientras estaba en Singularity University vimos el pre-estreno de una película sobre la vida de Ray Kurzweil llamada «Trascendent man». Ray es un pensador brillante pero muy polémico, que sostiene las visiones más extremas sobre cuán disruptivo será el futuro en los próximos 30-40 años. Yo comparto algunas de sus ideas y discrepo con muchas otras. Pero una parte del film me causó un gran impacto y me dejó pensando hasta hoy sobre lo bueno y lo malo del poder que probablemente tendremos en nuestras manos en un tiempo y quiero provocarlos e invitarlos a que reflexionen al respecto.
En la última escena de la película Ray se pregunta: «¿Dios existe?». Luego hace una pausa y responde: «Bueno, yo diría que… todavía no.»



