Nunca fui muy fanático de la Navidad…
En parte tal vez sea porque me resulta raro, no siendo católico ni creyente, verme envuelto en el festejo generalizado de una festividad religiosa. Por esta razón, durante muchos años armé el arbolito «con culpa»… Pero con los años fui amalgamando familiarmente una especie de festejo laico de Navidad mezclado con Januca, en el que hacemos arbolito, prendemos velas en el candelabro e intercambiamos balances del año que concluye y deseos para el que comienza.
Hace poco, además, encontré cierto consuelo en en este libro de la creadora del bus ateo, con 42 ensayos que muestran que los ateos también podemos festejar Navidad! En ese libro hasta escribió al respecto mi admirado Richard Dawkins!
En parte también será que no me gusta mucho la navidad porque encuentro algo decididamente extraño que la celebración del nacimiento de Jesús por parte de los cristianos se haya mezclado con el culto consumista a Santa Claus. Está claro que la Biblia nada dice de renos voladores, pinos con lucecitas ni señores barbudos vestidos con los colores de Coca Cola (mucha gente sostiene que ese es el origen del color de su ropa) repartiendo regalos superfluos a diestra y siniestra. Esto se siente especialmente en el hemisferio sur, donde el atuendo mismo de Santa, diseñado para el Ártico pero usado en los 35 grados de calor de Buenos Aires, es el mejor recordatorio de lo ajeno que nos es ese ritual.
Es este el segundo punto el que quiero discutir acá: la exacerbación del consumo superfluo en que la Navidad se ha ido convirtiendo. Yo, al igual que muchos otros, siento que a esta altura hay algo profundamente contradictorio entre el mensaje de Cristo y la manera en que se celebra su nacimiento.
Mientras yo mismo cargo bolsas llenas de cosas innecesarias para mis seres queridos, viene a mi memoria lo que hace unos años propuso Gregg Easterbrook, el autor de TMQ, mitad en broma mitad en serio: desdoblar la Navidad en dos fechas. Una para que los cristianos recuerden el nacimiento de Jesús y otra, que él propuso llamar «Spendmas» («Navicompras»). Según sus palabras, «a muchos cristianos a esta altura no les gusta Santa y el énfasis materialista, que ha desbordado completamente todo significado espiritual de la Navidad. (…) ‘Navicompras’ sería un feriado puramente secular que celebra el consumismo, el gasto, los regalos y las deudas de tarjeta de crédito.»
Como referencia, agrega TMQ, «Los estadounidenses gastaron este año 220,000 millones de dólares en regalos de Navidad. Eso es equivalente al PBI de Ecuador. Si en lugar de gastar 220,000 millones en regalos para nosotros mismos hubiéramos decidido gastarlos en Ecuador, podríamos haber eliminado la pobreza en un país entero. ¿No suena esa como una manera de celebrar la Navidad? Bueno, la realidad es que gastamos la plata en nosotros mismos».

Nosotros no necesitamos pensar en Ecuador. En un país con tanta pobreza como el nuestro, pocas cosas subrayan tanto la desigualdad como el festejo de Navidad. En una postal que lo resume todo, la semana pasada una chica que tendría apenas 20 años, una nena de tres y un bebé de unos meses, pedía limosna sentada en la vereda a la salida de un Shopping en Buenos Aires, y delante de ella pasaban, sin mirarla, decenas de personas cargando tantas bolsas como les fuera humanamente posible para llenar de regalos a sus parientes y amigos.
Para muchos de los cargadores de bolsas un problema común al elegir los regalos seguro habrá sido: «¿¿¿Qué le compro a Fulano??? Si ya tiene de todo…». La respuesta, si querés celebrar Navidad, Januca o cualquier otra festividad laica con un contenido espiritual, es simple: No le compres nada! Sentate con Fulano y piensen un minuto a quién quieren ayudar con la plata de ese regalo.
Hace años que estoy tentado de hacer lo mismo con los regalos que recibo para mi cumpleaños, y siempre me detiene la idea de que alguien puede tomar mi sugerencia como un acto de arrogancia al decir que, comparado a otros, yo no necesito nada material.
Tal vez si otros hicieran lo mismo dejaría de sentirme incómodo con la idea. Tal vez también si muchos otros cambiaran su «ritual», el festejo de Navidad recuperaría un sentido más valioso.
Mientras tanto, feliz ‘Navicompras’…



