Ser honesto en política no es sólo no robar.
Ayer a la mañana leí una de esas noticias que, pese a pasar mayormente desapercibidas para la mayoría de la gente, a mí me ponen absolutamente loco y resumen para mí todo lo que está mal con la política en la Argentina: por la campaña electoral hace un mes que el ni Congreso ni las comisiones legislativas sesionan. En lo que va del año, los diputados oficialistas sólo se sentaron en sus bancas y dieron quorum dos veces. ¿Para qué? Para sacar el único proyecto de ley que le interesó al Gobierno: el adelantamiento de las elecciones.
Pero la ausencia reiterada no es privilegio del oficialismo, ni se escuchan voces airadas de pólíticos de otras fuerzas denunciando la falta de trabajo de los legisladores. Fernando Sánchez, diputado de la Coalición Cívica, incluso dijo a La Nación: «No me busquen en el Congreso. Estoy de campaña. Me pasé dos años tratando de que el oficialismo diera quórum o debatiera temas importantes. Ahora hay elecciones».
Mientras ellos hacen campaña, proyectos de ley sobre temas como la lucha contra el dengue esperan ser tratados por un recinto vacío.
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Insisto: ser honesto en política no es sólo no robar. Es honrar los compromisos que implica un mandato, es no postularse para cargos que no se planea ejercer, es cumplir con las tareas y responsabilidades para las cuales uno resulta electo, sea tiempo de campaña eleccionaria o no.
En este caso puntual, la solución a todos estos temas sería muy sencilla. Por un lado, una ley que impida postularse a puestos electivos hasta tanto no termine el mandato anterior para el que una persona hubiere sido electa. Por otro, que los legisladores honestos, si los hay, protesten «a la japonesa». Que ocupen sus bancas cuando tienen que hacerlo, haya o no quorum, para al menos poner en evidencia la farsa y recortarse a sí mismos de esta práctica vergonzosa.
Si, ya sé. Soy un naïf. Será por eso que nunca me voy a dedicar a la política.
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En la política hay buena gente, gente trabajadora y a la que creo honesta. Sin embargo yo no sé qué le pasa a la buena gente cuando se dedica a la política en este país. Pareciera que hay algo en el ejercicio mismo que corrompe los valores hasta de los más bienintencionados.
Antes, cuando veía alguien de afuera con a priori aparentemente buenos valores que decidía lanzarse al ruedo político me llenaba de esperanza. Ahora, ya sé que en general es sólo cuestión de tiempo.



