El fracaso tiene un lugar muy diferente en la cultura latina que en la anglosajona. En nuestros países latinos conlleva un estigma social y legal peor aún que las consecuencias del fracaso mismo.
Desde el punto de vista de la valoración social, en el mundo sajón importa más la naturaleza de tus intenciones y la intensidad de tu esfuerzo que el resultado mismo de tus actos. Allí se condena al malintencionado o al que no pone suficiente empeño, pero nadie opina que fracasar sea malo en sí mismo.
Yendo un paso más allá, en la búsqueda de capital de un emprendedor haber tenido un fracaso previo puede ser visto como muy positivo. Las condiciones para ello son: que no haya habido mala intención, se haya «dejado todo en la cancha» y se haya aprendido del proceso. Ejemplos de esta visión pueden encontrarse en medios como Business Week y Fast Company, en discursos de graduación de universidades o en numerosos blogs.
Así, mientras en un lugar fracasar es algo terrible y en el otro algo positivo, un estudio realizado recientemente muestra que no es una cosa ni la otra.
Unos días atrás recibí de William Samedy un mail con un link a un artículo del NY Times que reseña una investigación hecha en la Harvard Business School. El estudio analizó los resultados de varios miles de empresas fundadas con aporte de Venture Capital (capital de riesgo) y verificó que aquellas que habían sido fundadas por alguien que hubiera fracasado en el pasado NO tenían ninguna mejora en su performance que las fundadas por alguien que emprendía por primera vez. La probabilidad de éxito no subía nada por haber fallado antes, aunque el estudio sí observó que la probabilidad SI crecía para aquellos que ya habían sido exitosos.
La consecuencia desde la mentalidad sajona es terrible. La primera frase del artículo dice amargamente: «Si la primera vez no tienes éxito, no importa que lo hayas intentado». Este es un resultado que derrumba una creencia largamente arraigada en el imaginario tanto de emprendedores como de inversores.
Pero lo interesante es que por la diferencia cultural mencionada más arriba, este estudio significa algo totalmente distinto para nosotros. La consecuencia es genial. Refraseandome a mi mismo: «…aquellas que habían sido fundadas por alguien que hubiera fracasado en el pasado NO tenían ninguna mejora en su performance que las fundadas por alguien que emprendía por primera vez». La probabilidad de éxito no tenía ninguna mejora, pero ¡tampoco caía nada! En otras palabras, ya haber tenido un éxito es algo positivo, pero haber fracasado no quiere decir nada! Tus posibilidades de lograr tus metas la segunda vez son las mismas que antes.
La consecuencia desde nuestra mentalidad es fantástica. También derrumba una creencia largamente arraigada en nuestro imaginario, pero por las razones opuestas a las que el NY Times refiere.
Yo creo que el fracaso es una parte inseparable del camino a lograr lo que queremos. Quien no se da la oportunidad de fracasar difícilmente consiga lo que quiere. Librarse del miedo al fracaso es el primer paso fundamental para un emprendimiento, sea de negocios o de cualquier otro tipo. Como dijo Steve Jobs en su famoso discurso, «ya estamos todos desnudos» y no tenemos nada que perder. Así que… ¡A fracasar!
Foto: PommeGranny
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