En los comentarios a mi post sobre Boca, Ramiro BM mencionó un comentario que yo dejé en un post de él sobre el optimismo, donde yo sostuve que «no es necesario ser optimista para ser emprendedor y que yo soy la prueba viviente de ello». El tema me parece interesante, así que, en vez de responder el comentario, acá va un post sobre eso.
Yo creo que a la hora de emprender el optimismo en un arma de doble filo. Por un lado, la convicción de que las cosas van a salir bien es un motor que en muchas ocasiones nos permite seguir adelante con determinación aún en escenarios adversos. Hay muchos emprendedores que tienen «tracción a optimismo». Es el combustible fundamental de sus motores.
Pero, por otra parte, el optimismo también puede ser una gran fuente de problemas de dos maneras similares pero diferentes.
En algunos emprendedores, el optimismo se expresa como un extremo enamoramiento con su idea, lo que los hace más propensos a cometer errores. En este caso, funciona como un combustible tan fuerte que los hace seguir derecho aún cuando el camino gira en una curva. No todas las ideas son buenas ni todos los momentos los ideales para lanzarse.
En otros, el optimismo hace que sean menos capaces de escuchar. Ya sea que la opinión diferente provenga de un potencial inversor o de un miembro de su propio equipo emprendedor, nunca es sano perder la capacidad de recibir y procesar críticas. De manera similar al caso anterior, esto casi siempre termina mal.
A mí en mis diferentes emprendimientos siempre me resultó mejor mantener los pies sobre la tierra, evaluar con cuidado los riesgos que tomo, escuchar e incorporar las opiniones disidentes, antes que bajar la cabeza y embatir hacia adelante ciegamente, lleno de optimismo y confianza en que las cosas saldrían bien.
Reconozco de todos modos que en el caso de Officenet seguramente me ayudó que mi co-equiper Andy fuera un optimista extremo. A veces también funciona ser dos y balancearse en estas cosas.
¿Cuál es el combustible que reemplaza en ese caso al optimismo?
Sé que suena difícil, pero yo creo que para emprender, mejor que hacerlo porque estamos «seguros» de que nos va a ir bien, es hacerlo porque estamos convencidos de que es lo que queremos hacer de nuestras vidas. No que tenemos una idea tan buena que no puede fallar, sino que es tan buena que «vale la pena fracasar» por ella. «Pasión» no es lo mismo que «exceso de confianza».



