En la noche de ayer un canal de televisión británico emitió un documental llamado «Right to Die?: The Suicide Tourist«, mostrando el proceso por el cual Craig Ewert, un profesor universitario estadounidense que sufría una enfermedad degenerativa incurable, se quitó la vida en la clínica suiza Dignitas, donde se practica la eutanasia.
Esto generó un amplio abanico de reacciones, la mayoría de ellas contrarias a la eutanasia y a la emisión de dicho programa.
A mí me cuesta mucho creer que en el siglo XXI todavía la mayoría de las personas se opongan a algo tan básico como el derecho de cada persona a decidir cómo y cuándo morir.
En este mundo el derecho a una vida digna le es negado a millones de personas que sufren del hambre y la pobreza y mueren de a cientos víctimas de enfermedades prevenibles. Hay también quienes convierten el «derecho a la vida» en una «obligación de vivir», cuanto sea posible y a cualquier precio, negando así la dignidad tanto en la vida como en la muerte.
Craig Ewert, lo dice con una simpleza abrumadora: «If I go through with it, I die as I must at some point. If I don’t go through with it, my choice is essentially to suffer, and to inflict suffering on my family and then die! Possibly in a way that is considerably more painful and stressful than this way.» (Traducción mía: «Si lo llevo a cabo, muero como debo morir en algún momento. Si no lo llevo a cabo, mi elección es esencialmente sufrir e infringir sufrimiento a mi familia y después morir! Posiblemente de una manera considerablemente más dolorosa y estresante que ésta»). El video es convincente y conmovedor, pero impresiona y dejo a discreción de quien lee si desea verlo. La visión de su esposa (en inglés) también es muy interesante de leer.
A quienes amamos y disfrutamos la vida se nos hace difícil entender que alguien elija libremente morir. Pero, en virtud de esta incomprensión, negarle al otro ese derecho implica imponer nuestra manera de relacionarnos con la vida como correcta a los demás.
Una cosa existe en tanto existe su opuesto. Donde el derecho a morir se cercena, el derecho a vivir desaparece con él, convertido en un imperativo.



