¿Por qué el 50% de la gente detesta cómo se ve?
Descripción
En esta columna exploré cómo la belleza se ha convertido en algo problemático en la sociedad actual, llegando a ser una fuente de sufrimiento y discriminación para muchas personas. Según una encuesta que realicé, el 95% de la gente opina que se le da demasiada importancia a la estética en nuestra sociedad.
Además, el 93% siente que la presión por alcanzar estándares de belleza imposibles perjudica su autoestima. Un dato alarmante es que la mitad de las personas encuestadas se sienten poco o nada atractivas.
Un punto crucial es la desigualdad en la distribución de esta presión, que recae mucho más fuertemente sobre las mujeres que sobre los varones. De hecho, nueve de cada diez personas, tanto hombres como mujeres, coinciden en que las mujeres están bajo mucha más presión en lo que respecta a la belleza.
Esto contrasta con lo que se observa en la naturaleza, donde a menudo son los machos los que se producen más para atraer a las hembras. Me cuestiono por qué históricamente se ha depositado tanto el peso del envejecimiento sobre las mujeres.
A diferencia del reino animal, donde los rasgos estéticos suelen tener una utilidad para la supervivencia, en los humanos muchas de las exigencias de belleza no solo no nos ayudan, sino que pueden dificultar nuestras vidas. Ejemplos como los tacones altos o prácticas históricas como vendar los pies en China ilustran este punto.
También mencioné la depilación y las cirugías estéticas como ejemplos de esto. Existe un enorme negocio que se beneficia de la inseguridad de las personas con respecto a su apariencia física.
La estrategia clave de este negocio es minar la autoestima de las personas. Es evidente la gran diferencia en la cantidad de tratamientos de belleza entre mujeres, donde siete de cada diez realizan cuatro o más intervenciones regularmente, frente a solo uno de cada 25 varones.
Sin embargo, es importante señalar que las mujeres no son ingenuas. El problema radica en que desafiar los cánones de belleza de la sociedad actual tiene consecuencias serias para sus vidas.
En el ámbito laboral, por ejemplo, aunque teóricamente la capacidad intelectual debería ser lo más importante en una entrevista, la apariencia de una mujer a menudo se considera en primer lugar, incluso por encima de la personalidad y la capacidad. Las redes sociales y los influencers han exacerbado este problema, creando una cultura de comparación constante con imágenes que a menudo están retocadas y son inalcanzables.
Compararse con influencers puede ser incluso más dañino para la autoestima de adolescentes y preadolescentes que compararse con modelos. El uso de filtros de belleza no declarados agrava esta situación, generando estándares irreales y contribuyendo al aumento de casos de ansiedad y depresión, especialmente en mujeres jóvenes.
A pesar de este panorama desalentador, creo firmemente que como consumidores tenemos el poder de influir en esta dinámica. Al elegir conscientemente a quién seguimos y qué consumimos, podemos empezar a cambiar la demanda hacia modelos más saludables y realistas.
En última instancia, la solución pasa por un cambio interno, por cultivar la autoaceptación, abrazar nuestras imperfecciones y aprender a querernos por quienes somos. En lugar de perseguir metas inalcanzables, el camino es aprender a convivir con la falta y tener una mirada más amable hacia nosotros mismos y hacia los demás
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