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Junio 2026

Los que se siguen eligiendo

La pasión del arranque se apaga sola. Pero hay un segundo enamoramiento, y se construye. Parte 2 del díptico sobre la pareja, con más de 6.000 respuestas.

6.096 personas
4 min de lectura

En la parte 1 vimos el diagnóstico: la pareja dejó de ser obligatoria y, sin ese mandato, muchos se quedan juntos sin estar. Pero el mismo grupo me dijo algo que no esperaba. A pesar de todo, la mayoría quiere seguir apostando a compartir la vida con alguien. Como vimos en el análisis de la parte 1, el 56% volvería a elegir a su pareja sin dudarlo.

La pregunta de esta segunda parte es otra: ¿qué hacen distinto los que se siguen eligiendo? Porque la respuesta no es suerte. La ciencia los estudió: los puso en resonadores, los filmó peleando en laboratorios. Y la encuesta a más de 6.000 personas me dejó ver algo que la ciencia sola no muestra: cómo se siente, desde adentro, seguir eligiendo a alguien.

Lo más importante

Pensamos que solo el 40% de la gente es feliz en el amor. Pero ocho de cada diez nos creemos la excepción.

Los que se siguen eligiendo se sienten solos el 14% del tiempo. Los que dudan, el 49%.

Las parejas que siguen encendidas no fueron las afortunadas: fueron las que volvieron a decir que sí, miles de veces.

01

Estás mejor de lo que creés

Arranco con un espejismo. Les pregunté qué porcentaje de la gente creen que es genuinamente feliz en el amor. La respuesta típica fue 40%. O sea: pensamos que la mayoría está mal. Pero cuando les pregunté por ellos mismos, casi ocho de cada diez se ven mejor que el promedio.

Todos nos creemos la excepción en un mar de relaciones infelices. Y si casi todos somos la excepción, capaz el promedio no está tan mal. El problema no es tu pareja: es la película que te contás sobre las parejas de los demás.

02

La soledad se cura con el tiempo

Como vimos en el análisis de la parte 1, la soledad de a dos golpea más al principio que al final: 44% a los dos o tres años, 19% pasados los treinta. Allá lo conté como un problema. Dado vuelta, es la mejor noticia del díptico.

Significa que la distancia de los primeros años no es un destino. Las parejas que aguantan no se aíslan con el tiempo: se acompañan cada vez más. El bajón del arranque es una etapa, no una sentencia.

03

No es resignación, es acompañarse

Y acá está el dato que más me importó de toda la encuesta. Tomé a los que dijeron que elegirían a su pareja de nuevo sin dudarlo, y a los que dudarían o elegirían a otra, y miré cuánto se siente solo cada grupo.

Soledad seguida, según si volverían a elegir a su pareja

La elegiría sin dudarlo

14%

se siente solo seguido

Dudaría o elegiría a otra

49%

se siente solo seguido

Los que se siguen eligiendo se sienten solos el 14% del tiempo. Los que dudan, el 49%. Tres veces y media más. Seguir eligiendo a alguien no es resignarse ni conformarse: es, medido, la diferencia entre acompañarte y estar solo de a dos.

04

La calma no apaga el fuego

Aparece siempre el mismo miedo: que quedarse sea cambiar la pasión por la costumbre. Les pregunté qué sienten hoy por su pareja. Las mariposas del principio sobreviven en apenas el 3%. Pero el apagón total, el 'ya no siento nada', es solo el 12%. El 86% restante siente algo vivo: sobre todo una calma profunda, la sensación de estar en casa al lado de alguien.

Eso no es el premio consuelo del amor. Es su forma adulta. El fuego del arranque se gasta solo; el de después hay que aprender a hacerlo con otra madera.

05

El espejo

Si el segundo enamoramiento se construye, ¿con qué herramienta? La encuesta me dio una pista concreta. Les pregunté qué pasa después de una pelea fuerte. Los que dicen que alguien da el primer paso para reconciliarse eligen a su pareja sin dudarlo mucho más seguido que los que dejan que la bronca se enfríe sola. Reparar, en vez de esperar a ver quién gana.

Las parejas que siguen encendidas no fueron las afortunadas. Fueron las que volvieron a contestar que sí, miles de veces, en silencio. En esta época, quedarse y volver a elegir tiene algo de acto de resistencia.

Así que la pregunta del final no es si tu pareja es la correcta. Es otra, más incómoda: ¿la estás eligiendo todavía, hoy? ¿O hace cuánto que dejaste de elegirla?