Saltar al contenido principal
Todas las encuestas
Junio 2026

Juntos pero separados

Más de 6.000 personas me contaron sobre la soledad, la distancia y la pregunta que casi nadie se anima a hacer en voz alta. Parte 1 del díptico sobre la pareja.

6.096 personas
4 min de lectura

Estamos viviendo algo que no pasó nunca antes. Por primera vez en la historia, estar en pareja dejó de ser obligatorio. Durante siglos te juntabas para tener hijos, para tener sexo, porque el mandato te empujaba, y total la vida duraba poco. Esas cuatro patas se están cayendo todas juntas. Y cuando un mandato deja de ser mandato, aparece una pregunta que antes era impensable: ¿para qué estamos juntos?

Preparando este episodio le mandé una encuesta a la audiencia de Futuro en Construcción. Respondieron más de 6.000 personas, con una honestidad que me dejó pensando varios días. Esto es lo que me contaron.

Lo más importante

La soledad de a dos no llega con los años: golpea fuerte al principio y va aflojando.

Más de un tercio de los que están en pareja dice que ya son más compañeros de cuarto que pareja.

Antes la muerte nos separaba. Ahora no nos separa nadie, y muchos no saben cómo decidirlo.

01

El número que no esperás

Empiezo por el dato que más me sorprendió. Si te pido que adivines en qué momento de una pareja la gente se siente más sola, casi todos diríamos lo mismo: al final, después de años de rutina, cuando ya no queda nada para decirse. Es exactamente al revés.

Cuán seguido se sienten solos, según los años en pareja

2-3 años juntos

44%

se siente solo seguido

Más de 30 años

19%

se siente solo seguido

Entre los que llevan dos o tres años juntos, el 44% se siente solo seguido. Entre los que llevan más de treinta, el 19%. Y no es que los veteranos se hayan resignado: chequeé que el patrón se mantiene a cualquier edad. El que está hace poco se siente más solo que el que está hace mucho, tenga 35 o tenga 70.

La pareja larga, la que sobrevive, no aísla. Acompaña. La soledad de a dos es sobre todo un problema del principio, no del final.

02

El divorcio invisible

Hay un estado del que casi no se habla: parejas que terminaron hace tiempo pero siguen ahí. No se pelean, no se separan. Simplemente dejaron de elegirse. Una especie de divorcio invisible.

Más de un tercio de los que están en pareja dice que ya son más compañeros de cuarto que pareja. Casi la misma proporción siente que ya no se desean como antes. Y cuando junté las señales (sentirse solo de a dos, no desearse, hablar cada vez menos, no volver a elegir al otro), una de cada seis parejas acumula tres o más al mismo tiempo.

Antes la muerte nos separaba. Ahora no nos separa nadie, y muchos no saben cómo decidirlo. Entonces se quedan, sin estar.

03

Quién queda afuera

Hay un grupo donde esto pega más fuerte. Entre las mujeres mayores de 65, más de la mitad está sin pareja. La mitad. Y cuando mirás por qué, la respuesta no es la que esperás: no es viudez. La causa principal es separación. Son mujeres que se divorciaron y decidieron no volver a buscar.

Sin pareja a los 65 o más

Mujeres

51%

más por separación que por viudez

Varones

23%

menos de la mitad que ellas

En los hombres de la misma edad, el número es menos de la mitad. La generación que finalmente pudo no casarse, en muchos casos decidió tampoco volver a hacerlo.

04

A quién llamás a las tres de la mañana

Les hice una pregunta incómoda: ¿a cuántas personas podrías llamar a las tres de la mañana en una crisis? Uno de cada ocho contestó que a una o a ninguna.

Y ese dato no es abstracto: entre los que tienen esa red mínima, casi la mitad se siente sola seguido. Entre los que tienen una red amplia, uno de cada seis. Sentirte acompañado o no muchas veces es cuántos nombres podrías marcar a esa hora.

05

El espejo

Y al final, el dato que más me movió. A los que tienen hijos adultos les pregunté qué les preocupa de la vida amorosa de sus hijos. La mayoría no teme que estén solos. Teme que estén en una mala relación. Casi la mitad eligió eso; que estén solos, apenas el 15%.

Cambió hasta lo que queremos para los que más queremos. Ya no es 'casate y no quedes solo'. Ahora es 'mejor solo que mal acompañado', dicho por nuestros propios padres.

Con todo esto, esperaría que la mayoría tirara la toalla. Pasó lo contrario. Cuando les pregunté si elegirían de nuevo a su pareja, el 56% dijo que sí, sin dudarlo. Y casi la mitad dijo algo más fuerte todavía: que siguen enganchados como el primer día. La pregunta '¿para qué estamos juntos?' no siempre termina mal. En la parte 2 te cuento qué hacen distinto los que se siguen eligiendo.