Durante el Mundial 2026, buena parte del planeta pareció ponerse de acuerdo en una sola cosa: odiar a los argentinos, por tramposos y por racistas. Yo quería entender algo que no aparece en los titulares: cuánto de todo eso nos lo creímos también nosotros. Así que hice lo de siempre, le mandé una encuesta a la audiencia de Futuro en Construcción. Respondieron más de mil seiscientas personas, casi todas argentinas. No es una muestra del país entero, es la gente que me sigue, pero justamente por eso duele más.
Esperaba encontrarme con el odio de afuera. Me encontré con el de adentro. Estos son los cuatro números que más me hicieron pensar.
Lo más importante
Un invento le llegó a más gente que las noticias verdaderas. Y lo creyó uno de cada cuatro.
El 96% cree que las redes influyen en lo que piensa la gente. El 19% cree que lo influyen a él.
No soy de victimizarme. Salvo cuando me toca a mí.
Un invento le ganó a la realidad
Durante el Mundial circularon un montón de cosas, algunas reales y otras inventadas. En la encuesta las mezclé a propósito y pregunté dos cosas: cuáles te llegaron, y a cuáles les creíste en el momento. Escuchá esto. Un invento total, que la FIFA iba a suspender diez años a los jugadores argentinos por mostrar la bandera de Malvinas, le llegó a más gente que las noticias verdaderas. Y lo creyó uno de cada cuatro. Uno de cada cuatro.
Después comparé, de los que habían visto cada cosa, cuántos la daban por cierta. Un mail falso que supuestamente probaba una campaña paga contra Argentina: lo creyó el 41% de los que lo vieron. El invento de la FIFA: 41%. Una noticia real, la de Samuel L. Jackson pidiendo no hinchar por Argentina: 44%. Casi idénticas. Creer no depende de que algo sea verdad. Depende de cuánto te suena.
De los que lo vieron, ¿cuántos lo creyeron?
Mail de campaña paga (falso)
41%
Una agencia que no existía, con página web trucha incluida.
FIFA suspende por Malvinas (falso)
41%
Nunca pasó. Y fue de lo más creído del Mundial.
Samuel L. Jackson (real)
44%
Esto sí ocurrió. Se creyó casi igual que los inventos.
Un dato falso y un dato verdadero se creyeron en la misma proporción. La verdad no jugaba de local.
Cuanto menos mirás, peor pensás
Tengo un amigo en Estados Unidos que no mira fútbol y me escribió en pleno Mundial: qué sucio juega Argentina. Nunca vio un partido entero. Solo los recortes que le sirvió el feed, las faltas, las polémicas, las acusaciones. Y con eso ya sabía. La encuesta me mostró que no es solo él. Los que respondieron desde afuera del país, que en promedio vieron menos fútbol completo, pensaron bastante peor de nosotros.
"Los argentinos tienden a hacer trampa para ganar"
Argentinos
13%
De acuerdo con la frase.
No argentinos
39%
Casi el triple. Y con menos partido completo encima.
Y ojo con leer esto de más. Los que contestaron desde afuera no son el mundo que nos odió: son sobre todo vecinos, uruguayos y chilenos que me siguen, gente amiga. Son poquitos, así que tomalo como una tendencia y no como una ley. Pero aún entre ellos, el que miró desde más lejos vio peor. No porque sea malo. Porque el recorte pinta a un país completo con la peor jugada de su peor día.
Todos ven el titiritero. Moviendo a los demás.
Les pregunté cuánto influyen las redes en lo que piensa la gente. Casi todos, el 96%, dijeron que muchísimo o bastante. Después les pregunté cuánto influyen en lo que pensás vos. Y el número se derrumbó a 19%. Pará un segundo. No puede ser que las redes muevan a todo el mundo menos a vos y a mí. Alguien está exagerando su propia inmunidad, y lo más probable es que seamos nosotros.
"Las redes influyen en lo que piensa..."
...la gente
96%
Bastante o muchísimo.
...vos mismo
19%
El titiritero siempre mueve al otro.
Y lo más incómodo. Los que ya sabían perfectamente que las plataformas te pagan por hacerte reaccionar no se creyeron ni un fake menos que los que no tenían idea. Saber cómo funciona la trampa no te saca de la trampa. Yo también me incluyo: me sé el mecanismo de memoria y sigo mordiendo el anzuelo.
La brecha crece con la edad. Los más grandes son los más convencidos de que a ellos no los agarra.
El espejo
Acá es donde se pone incómodo. Les pregunté a los argentinos si se identificaban con la frase "cuando un equipo pierde, es porque lo perjudicaron". Casi nadie: apenas el 8% dijo que sí. Somos gente sensata, sin cultura de la queja. O eso creemos. Porque después pregunté por la final que perdimos con España, y ahí casi la mitad le dio crédito a alguna teoría del robo: que la FIFA no quería un bicampeón, que amenazaron a los jugadores, que fue una represalia política.
De los que compraron una conspiración concreta sobre la final, 9 de cada 10 habían renegado de la frase que la describe. No soy de victimizarme. Salvo cuando me toca a mí.
Y no lo miramos de afuera, lo alimentamos. Cuatro de cada diez me admitieron que comparten o citan al otro bando para burlarse, para mostrar lo equivocado que está. Los que disfrutan la pelea, casi el doble. Creemos que somos el francotirador que le pega a la mala idea. En realidad somos el cartero que le lleva alcance y le paga el sueldo a los que lucran con nuestra bronca.
Por eso la pregunta que me llevo no es si tenés razón cuando te indignás. A veces la tenés, y algunas peleas hay que darlas. La pregunta es quién cobra cuando reaccionás. Porque el mes que viene va a ser otro grupo, otro tema, otra grieta. La que rinda. Y si el odio es lo que mejor paga, el odio es lo que más se va a fabricar.