Todos decimos que la escuela tiene que cambiar. Le mandé una encuesta a la audiencia de Futuro en Construcción para ver qué queremos exactamente, y respondieron más de 2.200 personas. Casi el 99% pidió lo mismo: que la escuela enseñe a pensar. Hasta ahí, unanimidad.
Después les pregunté, una por una, si cada forma concreta de dar clase distinta se parecía a lo que ellos llamarían «una escuela de verdad». Y ahí se dio vuelta todo. Lo que salió no es hipocresía: es algo bastante más interesante, y me incluye. Aviso lo obvio antes de seguir: esto no es una muestra del país. Es la gente que me sigue, que contestó porque quiso.
Lo más importante
Tomar examen escrito es «una escuela de verdad» para 7 de cada 10. Que no haya boletín con notas, para 2 de cada 10.
Solo uno de cada cuatro dice que las clases iban a su ritmo. Y es justo ese cuarto el que más defiende la escuela clásica.
Un tercio de los padres le puso a la escuela de su hijo exactamente el mismo número que le puso a la suya.
Queremos otra escuela. Menos las cuatro maneras de hacerla
98,9%
pidió que la escuela enseñe a pensar
Mirá el orden que salió. Tomar examen escrito es «una escuela de verdad» para el 72%. El timbre, para el 64%. La tarea para casa, para el 56%. Y abajo de todo, lo que menos se parece a una escuela: que no haya boletín con notas, 21%.
| Nada | Poco | Bastante | Mucho | |
|---|---|---|---|---|
| Tomar examen escrito | 6% | 21% | 39% | 34% |
| El timbre que marca cuándo empieza y termina cada cosa | 12% | 25% | 35% | 29% |
| Tarea para hacer en casa | 12% | 32% | 35% | 21% |
| Chicos trabajando en grupo, sin nadie adelante | 18% | 35% | 32% | 16% |
| Pupitres en fila mirando al pizarrón | 28% | 34% | 23% | 15% |
| Que el maestro casi no hable y los chicos se expliquen entre ellos | 34% | 42% | 19% | 5% |
| Que los chicos elijan qué estudiar cada día | 35% | 41% | 18% | 7% |
| Que no haya boletín con notas | 44% | 35% | 14% | 7% |
Dos de cada tres (1.433 de 2.165) rechazan al menos tres de las cuatro maneras distintas de dar clase que les propuse. Uno de cada tres las rechaza las cuatro. Y el combo más limpio: el 62,5% dice al mismo tiempo que una escuela sin boletín no es una escuela de verdad y que tomar examen escrito sí lo es. Y sí, se puede enseñar a pensar tomando examen escrito. Pero fijate lo que pedimos y lo que rechazamos al mismo tiempo.
Queremos el resultado de otra escuela y la forma de la que tuvimos.
Defendemos la escuela en la que nos fue bien
¿De dónde sale ese reflejo? Solo uno de cada cuatro dice que las clases iban a su ritmo. El resto se pasó la escuela esperando o corriendo atrás de otro. Y acá está lo que no esperaba: ese cuarto al que sí le sirvió es el que más defiende la forma clásica.
Los que sintieron que la escuela iba a su ritmo, contra los que sintieron que iba demasiado lento
«Iban justo a mi ritmo» (525 personas)
79% · 72% · 65
Dicen que tomar examen escrito es una escuela de verdad · que el timbre también lo es · y le ponen 65 sobre 100 a lo que les sirvió de su propia escuela
«Casi siempre iban más lento» (582 personas)
69% · 61% · 57
Dicen que tomar examen escrito es una escuela de verdad · que el timbre también lo es · y le ponen 57 sobre 100 a lo que les sirvió de su propia escuela
Tiene toda la lógica y da un poco de escalofrío. El molde lo sostiene con más fuerza el que entró bien en el molde. Los otros tres cuartos lo defienden igual, con menos convicción.
Y lo mismo hacemos con nosotros
Hasta acá hablamos de la escuela de otros. Ahora viene la parte que me incluye. Les pregunté qué es lo primero que piensan cuando están aprendiendo algo y les resulta difícil. Solo el 11,5% contesta «que voy por buen camino». Uno de cada nueve. El resto lee la dificultad como un problema: que necesito más tiempo, que está mal explicado, que esto no es para mí.
Cómo estudia cada grupo, según lo que piensa cuando algo le cuesta
«Voy por buen camino» (256 personas)
71%
Usa técnicas de estudio que la evidencia respalda: practicar haciéndolo, explicárselo a alguien, ponerse a prueba
«Esto no es para mí» (237 personas)
46%
Usa esas mismas técnicas. El resto subraya, resume o relee, que es lo que peor funciona
- Lo practico haciéndolo79736%
- Lo subrayo o hago resúmenes63528%
- Se lo explico a alguien35816%
- Lo leo varias veces35616%
- Me pongo a prueba sin mirar el material894%
Base: 2.235 respuestas
Fijate la última barra. Ponerte a prueba sin mirar el material es la técnica que mejor funciona de todas, y la elige el 4%. Subrayar, que es de las más flojas, la elige siete veces más gente. Y no es por desinterés: el 59% pidió que en la escuela le hubieran enseñado a estudiar. De esos mismos, el 42% sigue subrayando y releyendo igual. Pedirlo no cambió nada.
El examen del que ahora sí te podés copiar
Y ahora todo esto se cruza con la máquina. El 96% de los que contestaron usa inteligencia artificial. Lo que cambia no es eso, es para qué: el 56% le pide que le explique, el 20% le pide que le resuelva.
Qué pasa después, según lo que le pediste
Le pide a la IA «que lo resuelva» (415 personas)
11%
Se queda con la primera respuesta, sin repreguntar una sola vez. Solo el 30% repregunta tres veces o más
Le pide a la IA «que te haga preguntas» (196 personas)
2%
Se queda con la primera respuesta. El 53% repregunta tres veces o más
Cinco veces más gente se conforma con lo primero que le sale de la máquina, y la única diferencia entre los dos grupos es qué le pidieron. No es la herramienta. Es qué le pedís.
El espejo
A los padres les hice dos preguntas parecidas con muchas otras en el medio. Primero: de todo lo que te enseñaron a vos, ¿qué porcentaje te sirve hoy? Después: de todo lo que le enseñan hoy a tu hijo, ¿qué porcentaje creés que le va a servir cuando sea grande? Se pusieron 58 a sí mismos y le pusieron 49 a la escuela de sus hijos. Nueve puntos menos, y el 52% le pone menos al hijo que a su propia escuela.
Un tercio de los padres escribió exactamente el mismo número en las dos preguntas.
Las dos respuestas se mueven casi como una sola: el que se puso poco a sí mismo le pone poco a su hijo. Y no es que el juicio sea inventado. Cuando un padre dice que su hijo está aprendiendo menos que él a esa edad, el número del hijo se desploma veintitrés puntos mientras el propio casi no se mueve. Hay información real ahí adentro. Pero la vara con la que medimos la escuela de nuestros hijos está hecha, en buena parte, del recuerdo de la nuestra.
Y es la misma vara que usamos para decidir qué es una escuela de verdad, para defender el examen escrito, y para sentir que algo anda mal justo cuando algo nos cuesta. Eso no es una opinión sobre la escuela. Es un criterio nuestro. Y los criterios se pueden revisar.