El episodio que grabé sobre esto se llama 'Admiración y fama'. La idea central es simple: lo que admiramos funciona como una brújula. Señala hacia dónde vamos como sociedad. Cada like es un voto; cada follow, una conducta que se alimenta.
El problema es que esa brújula hace rato que se está desviando. Para preparar el episodio le mandé una encuesta a la audiencia de Futuro en Construcción. Respondieron casi 2.900 personas. Lo que sigue no es cómo somos. Es cómo nos describimos cuando nadie nos mira.
Lo más importante
En los menores de 30, 4 de cada 10 dice que le gustaría ser famoso. En los mayores de 60, 1 de cada 7. El sueño de la fama tiene fecha de nacimiento.
82% prefiere que 5 personas cercanas te digan que sos importante antes que 1 millón de desconocidos aplaudan algo que hiciste. Si fuera verdad, no tendríamos feed.
Nadie admite que lo primero que registra al conocer a alguien son sus seguidores. 3 personas de 2.799. Y sin embargo, el sistema entero se mueve por ese número.
El sueño tiene fecha de nacimiento
Arranco por el dato que más me sacudió. Les pregunté directo: ¿te gustaría ser famoso? Los más grandes contestaron lo que yo esperaba. Los más chicos, no.
Porcentaje que dice 'Sí, me gustaría ser famoso', por edad
Menores de 30
39%
casi 4 de cada 10
30 a 44 años
22%
una franja importante
45 a 59 años
21%
parecido
60 o más
15%
1 de cada 7
Mirá. Baja parejo a medida que sube la edad. Entre los más grandes, la fama ya no es un sueño, es un problema. Entre los más chicos, todavía es un horizonte. Pero el dato que más me hizo ruido no son los pibes: es la franja del medio. Pasada la juventud, una parte importante de adultos también dice que sí. El sueño no se apaga al cumplir 30. La muestra de menores de 30 acá es chica (107 personas), así que el número fino tomalo como dirección. Pero el patrón cuadra con lo que vemos afuera: hoy a los 12 años, 'influencer' y 'youtuber' le ganan a 'médico' y 'astronauta'.
Los chicos que hoy quieren ser famosos aprendieron lo que miramos los adultos. No cayeron del cielo.
La contradicción del 82%
Ahora mirá esto. Les hice una pregunta difícil: si tuvieras que elegir solo una cosa, ¿qué preferirías? Que 5 personas que te conocen bien te digan que sos importante para ellas, o que 1 millón de personas vean y admiren algo que hiciste.
- Que 5 personas que te conocen bien te digan que sos importante para ellas2.20482%
- Que 1 millón de personas vean y admiren algo que hiciste47518%
Base: 2.679 respuestas
82 sobre 18. No hay competencia. Dicho así, somos una sociedad que valora la intimidad por encima de la fama. Pero acá viene el giro: entre los que dicen que SÍ quieren ser famosos, la mitad igual elegiría a las 5 personas cercanas sobre el millón. Ni siquiera ellos están convencidos. Quieren las dos.
Decimos que nos bastan 5 personas. Pero dedicamos nuestras horas al feed de 1 millón. Esa grieta es donde se cuela la trampa.
Lo que devuelve el scroll
Si las redes fueran lo que dice el folleto, la gente debería salir inspirada. Le pregunté cómo se sienten después de pasar 30 minutos o más scrolleando.
- Frustrado de haber perdido el tiempo1.13340%
- Igual que antes, ni mejor ni peor92733%
- Ansioso o inquieto, como si me faltara algo35113%
- Inspirado, con ganas de hacer algo con mi vida2529%
- No uso redes sociales1485%
Base: 2.811 respuestas
4 de cada 10 se siente frustrada. Solo 9 de cada 100 sale inspirada. Y la cosa se complica con las horas: entre quienes usan menos de una hora por día, solo el 7% queda ansioso. Entre los que usan más de seis, es el 26%. La red promete conexión y deja un rastro de inquietud.
El espejo duele más a los más jóvenes
Le pregunté también qué sienten cuando ven el contenido de alguien famoso. La mayoría elige opciones tranquilas: entretenimiento, indiferencia, a veces inspiración. Pero una minoría elige dos opciones más incómodas: comparación (sin querer, empiezo a medir mi vida contra la suya) o incomodidad (me hace sentir que me falta algo). Junté esas dos y lo crucé por edad.
Porcentaje que se compara o incomoda al ver contenido de un famoso
Menores de 30
28%
casi 3 de cada 10
30 a 44 años
22%
1 de cada 5
45 a 59 años
12%
1 de cada 8
60 o más
5%
1 de cada 20
Un menor de 30 se compara casi seis veces más que un mayor de 60. Los jóvenes no sufren porque sean más frágiles. Sufren porque viven dentro de una máquina de comparar que los adultos nunca tuvimos que enfrentar a su edad.
El espejo
Y ahora el dato que no puedo sacarme de la cabeza. Les pregunté a casi 2.800 personas qué es lo primero que registran cuando conocen a alguien por primera vez en la vida real. Había cinco opciones, una de ellas: cuántos seguidores tiene. Mirá el número.
3
de 2.799 personas eligen 'seguidores' al conocer a alguien
Tres. De casi tres mil. El 0,1%. En frío, nadie admite medir a la gente por sus seguidores. Y sin embargo, el sistema entero se mueve como si lo hiciéramos. Hay gente que vive de los seguidores. Esa es la grieta: lo que decimos admirar en palabras no es lo que premiamos con nuestras horas.
La admiración funciona como una brújula. En la era de los algoritmos, esa brújula no se dibuja con lo que decimos que nos importa. Se dibuja con lo que elegimos mirar. No hay un algoritmo malvado: el algoritmo aprende lo que le enseñamos. Un click indignado pesa lo mismo que un click fascinado. Somos el motor.
El futuro se puede cambiar. Un like a la vez.