«Aumentar» la realidad agregándole una capa de información encima es una de las tendencias más promisorias de la tecnología en nuestros días. Más y mejores aplicaciones aparecen continuamente sacando provecho de esta idea.
Un buen ejemplo es Layar, el navegador que permite ver en la pantalla del teléfono aquello que la cámara filma agregándole datos. Esto permite, por ejemplo, locuras como recorrer Berlín viendo todavía el Muro como si aún estuviera en pie. También es posible mirar todas las casas de una cuadra y ver superpuesto a la imagen qué casas están en venta o alquiler y a qué precios sin que haya ningún cartel colocado. Y otras cosas como las que muestra este video.
Sin embargo, como discutí en uno de los posts más leídos de la historia del blog, nuestro problema actual no parece ser la falta de información sino la gran dificultad de enfocar nuestra atención provocada por el exceso de estímulos.
Por eso para mí hay un concepto más interesante y menos difundido que la idea de realidad aumentada: es de la «realidad disminuida» que quiero hablarles hoy.
Incluso miles de años antes del aluvión de estímulos generado por internet y las redes sociales, la realidad ya era demasiado para nuestras mentes humanas. Como resultado, nuestros cerebros se desarrollaron evolutivamente para ser geniales «máquinas» de reducción de la realidad, eliminando detalles innecesarios para la tarea a realizar sin que nosotros siquiera nos demos cuenta. Este rasgo se llama «atención selectiva».
Mariano Sigman dio un ejemplo impresionante de esto en su charla del TEDx y ahora antes de seguir quiero compartir uno excelente con ustedes. El video que sigue muestra un truco de magia donde el lado de atrás de un mazo de cartas cambia de color. Les pido que lo vean…
El que pongo es en inglés, pero si prefieren verlo en español (de España) pueden verlo acá.
El video nos muestra claramente cómo pueden existir cambios muy grandes delante mismo de nuestras narices y que pasen totalmente desapercibidos si nuestra atención está puesta en otro aspecto de la realidad. Seamos claros: no es que nuestros ojos no lo vean. Nuestra corteza visual procesa e informa al cerebro acerca de los cambios que ve. Pero nuestra mente, continuamente bombardeada por montones de información superflua, elimina de la atención aquellos datos que considera irrelevantes y nuestros ojos los ven pero «nosotros» no!
Sin embargo, pese a la fantástica habilidad que tenemos para hacer esto, esa capacidad evolucionó en un contexto muy diferente al actual. Y, yo creo, buena parte del problema de atención que menciona el otro post se debe a la dificultad de concentrarnos que genera la incapacidad de nuestro cerebro de filtrar tanto estímulo de manera permanente.
Como respuesta a eso aparece el concepto de «realidad disminuida», cuya idea es desarrollar aplicaciones que «eliminen» ciertas cosas del mundo que nos resulte mejor no percibir.
Un ejemplo que ya existe hace rato son los auriculares reductores de ruido, bastante comunes en los aviones, que eliminan el ruido ambiente para que podamos escuchar solamente la música. Y hace dos meses atrás un video causó furor en blogs de tecnología de todo el mundo mostrando la posibilidad de eliminar objetos en tiempo real de una filmación.
En su blog «Diminished reality», el especialista Paul Ford imagina montones de otras aplicaciones similares:
– encontrar nuestro auto en estacionamientos llenos eliminando visualmente todos los demás autos;
– eliminar visualmente las manos de un cirujano para que pueda ver sin estorbos el área que está operando;
– poder mirar el cielo estrellado viendo a través del techo;
– viajar en avión o en tren mirando el paisaje en 360 grados como si las paredes no existieran;
– poner parabrisas en los autos que «borren» las publicidades distractivas a los lados de la ruta;
– o mirar recitales sin que te tape el tipo alto y lanudo que tenés adelante.
Más allá de estas aplicaciones prácticas, a mí me resulta más interesante la visión filosófica que esto implica. Tal vez porque desde que escribí aquel post me inquieta la idea de cómo limitar los estímulos que recibimos para recobrar nuestra capacidad de concentrarnos. Y por eso la idea de «realidad disminuida» me resulta provocativa e interesante. Así como el «fast food» generó como reacción el Movimiento Slow, creo que es hora de que pensemos algo parecido para nuestras mentes.
Algunas cosas pueden ser tan sencillas como tener la disciplina de no chequear email todo el tiempo o elegir los momentos en que nos exponemos al colosal poder distractivo de Twitter. Pero estoy seguro de que con el tiempo aparecerán ideas y aplicaciones mucho más poderosas.
Quiero cerrar con otro videíto genial, que dura apenas un minuto. En este lo que tienen que hacer es contar cuántos pases hacen con la pelota los jugadores del equipo blanco (no cuentan los pases hechos por el equipo negro). ¡A ver si pueden acertar el número!
No sigan leyendo si no lo vieron porque les voy a arruinar el truco… Veanlo primero!
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¿Vieron el gorila? Yo la primera vez que miré el video no lo ví ni a patadas y cuando me lo mostraron no lo podía creer. ¡Eso es atención selectiva!



