
¿Tenés algo que te está preocupando? ¿Algún problema que no estás consiguiendo solucionar? En este post quiero compartir algo que aprendí durante mi años en Officenet: un método sencillo de mejorar (casi) cualquier cosa.
Esto es especialmente aplicable a proyectos (sean de negocio o sociales), pero, como voy a ilustrarles con un ejemplo al final del post, también puede aplicarse a muchos otros órdenes de la vida.
La receta para esta mejoría «mágica» puede resumirse en una sola palabra: MEDIR.
Todo lo que no está siendo medido y de repente comienza a medirse mejora. Este es un principio general que en Officenet aprovechamos muchas veces. Para que eso suceda, hay que identificar algo que queramos mejorar, buscar una variable que sea representativa de ello y empezar a registrar su evolución. También es fundamental que:
1) Todas las personas involucradas sepan que esa variable comenzó a medirse.
2) Los resultados de esa medición sean conocidos por las personas que pueden afectarla.
El impacto de mejora en general se produce rápido. Y pasa aunque nadie se lo proponga ni intente conscientemente lograr esa mejoría.
Sin embargo, no todo es color de rosa. Hay algunas advertencias a tener en cuenta:
1) En muchos casos, el impacto se diluye a corto o mediano plazo. Por eso, el mecanismo de medir, por sí solo, es efectivo pero insuficiente. Sostener la mejora requiere después de un tiempo definir responsables y planes de acción.
2) Los sistemas de incentivos en general son complejos y, como discutimos en el post «Los aumentos salariales, el compromiso y la calidad de las zanahorias», hay que tener cuidado anticipando las conductas que la medición genera (y mucho más si se estructuran premios atados a esas mediciones). Se obtiene aquello que se reconoce.
3) Casi siempre la mejora en una variable viene al precio de empeorar alguna otra cosa. Por eso, si la meta es lograr una mejora de corto plazo en algo simplemente medir es efectivo, pero si el objetivo es armar un esquema de incentivos más de largo plazo hay que considerar muchas otras cosas (si les interesa este tema pueden ver los posts sobre esquemas de sueldo variables).
Para terminar, quiero darles un ejemplo de otro orden, para ilustrar cómo esto puede aplicarse a cosas que no tienen nada que ver con los negocios. Hace unas semanas atrás, en Singularity University nos ofrecieron un precio especial para comprarnos un Fitbit. El Fitbit es un aparatito chiquito que se lleva encima en todo momento y registra nuestro nivel de actividad física durante el día y la calidad de nuestro sueño durante la noche.
Básicamente lo que hace es medir la cantidad de pasos que damos. Con eso estima la distancia que recorremos y las calorías que quemamos. Cada 15 minutos el Fitbit se conecta inalámbricamente a la computadora y le transfiere toda la información. Así, en el sitio se pueden ver todas las estadísticas minuto a minuto, día por día. De esta manera, convierte nuestro nivel de actividad física en una variable conocida y que podemos controlar.
Lo interesante es que usar el Fitbit, tal como predice este post, afectó mucho mi disposición a moverme. Hizo que en varias ocasiones en que hubiera usado un medio de transporte eligiera caminar. E incluso me da una sensación de satisfacción cuando camino o hago ejercicio, al saber que estoy «mejorando» la variable.
Puede parecer absurdo, porque el efecto sobre mi cuerpo de hacer ejercicio es el mismo, sea que lo mida o no. Sin embargo, a mí no me da lo mismo. Camino y puedo ver en el momento en el Fitbit como suben mis calorías quemadas. Y ver esa noche el resultado en los gráficos de haber llevado una vida más activa.
Probablemente el efecto no dure para siempre por sí solo. Pero, igual que sucede en los negocios, haber empezado a medir es un gran punto de partida.


