Una de las principales cosas que me hubiera gustado hacer en la vida y no pude hacer fue estudiar en algún momento en el exterior. Por eso me mueve tantos sentimientos cuando visito lugares como el MIT o Harvard… Me hubiera encantado estudiar ahí en algún momento.
Por eso hace unas semanas cuando encontré esto me volví loco: en la sede de la NASA en Mountain View, CA (a pasitos del Silicon Valley), se lanzó el Singularity University.
Fundada por Ray Kurzweil (sobre cuyas ideas hablé brevemente en el post sobre la vida infinita) y Peter Diamandis, uno de los principales impulsores de la exploración espacial, SingularityU cubre todo en lo que los emprendedores geeks del futuro no deberían dejar de ser expertos: Nanotecnología, Robótica, Biotecnología y Bioinformática, Inteligencia Artificial, Neurociencia, etc.
Hay dos programas: un programa corto que dura 10 días y está pensado para empresarios, y uno largo que dura 10 semanas. Los precios son bastante salados para argentinos pesificados, pero tal vez no resulten tan elevados para otros países latinoamericanos con monedas fuertes, como Brazil, Chile, etc.
En este momento, el blogger y VC uruguayo Pablo Brenner está allá ahora tomando el programa corto y viene contando bastante en su blog sobre la experiencia. Les recomiendo que lo lean. Entre montones de cosas compartió este video sobre una mano robótica que hace cosas IN-CRE-I-BLES! Y hay muchos más videos en Youtube.
Más allá del precio y de las dificultades de estar alejado de la familia por 10 semanas, yo ya estoy juntando plata en el chanchito para poder hacer el programa largo en algún momento.
Y si no me aceptan, ya que son muy selectivos en la admisión, hay otros lugares como el International Space University, el MIT mismo o algún otro lugar…
En el momento de mi vida en que estudié, mi cabeza estaba en cualquier otro lado. En la secundaria, en las chicas, la apariencia física y demás pavadas que desvelan a un adolescente. En la universidad, en las opciones laborales, la apariencia física, las chicas y demás pavadas que desvelan a un adulto joven. Por esas causas, desaproveché casi totalmente todos esos años de estudio.
Pero ahora, que ya estoy viejo, feo, gordo, casado y con trabajo, ¡ahora sí estoy listo para ser educado! ¡Qué ganas de volver a las aulas!
Foto: David Orban



