Aquí llega el último de los tres posts invitados a los más «discutidores”. Con ustedes, Gabriel Castro Aguilera!.
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Hola! El tercero y último de la fila 😉
Antes de comenzar, una disgresión:
Quedé último por méritos ajenos y culpas propias. Méritos de Joaquín y Alejandro que escribieron antes y muy bien, y mea culpa por pretender mucho y apretar poco.
El tema que finalmente elegí tiene que ver con nuestra actividad como lectores y «escribidores» de blogs. También con nuestros alter egos en las redes sociales. ¿Cómo impacta todo este rollo en nuestras vidas?
Uno se suscribe a una aplicación web 2.0, carga su profile, su foto, y sin querer le da vida a una versión levemente desenfocada de uno mismo. El desenfoque depende de cuán sinceros seamos, y de qué aplicación se trate. Somos mas livianitos y alegres en twitter, y mas solemnes en Linkedin.
Ahora bien, luego de que le damos vida a nuestros Golems… ¿los podemos matar?
Cuando estudiaba Antropología (varios lustros ha), no existían las redes sociales, ni siquiera Berners-Lee había redactado su famoso memorándum.
O estudiábamos culturas pretéritas basados en las porquerías que habían dejado para nuestro provecho, o hincábamos el diente en sociedades actuales.
Si atacábamos la cultura occidental y cristiana, teníamos forzosamente que adoptar un enfoque micro, y terminábamos acumulando planillas y más planillas, y páginas y más páginas de elucubraciones sobre cosas como «el impacto en las relaciones de intercambio de la llegada de la electricidad en las comunidades rurales de menos de 80 habitantes».
O relevando juegos y juguetes tradicionales del Uruguay (el aro, la payana, las rondas). (Sí, esa es la secreta razón de que luego me dedicase a la tecnología ;))
Imagínense el tono envidia/verde/shocking que se refleja en mis facciones cada vez que leo y miro lo que hace Michael Wesch: el Doctor Wesch dirige la cátedra de Etnografía Digital en la Universidad de Kansas.
El tipo se ha especializado en estudiar el impacto social de las nuevas tecnologías desde una perspectiva antropológica (=holística ;)).
Es también un eficacísimo comunicador, utilizando las mismas tecnologías (=herramientas, pebble tools) que analiza. Casi como si Levi-Strauss hubiera expresado sus tesis sobre las relaciones de parentesco mediante una danza bororo ;))
Kinetic tipography, video, texto y audio envolviendo mensajes simples y efectivos. Sus estudiantes, si juzgamos por las caras cómplices, disfrutan del proceso.
Sin pretender emularlo (juaaa), les hago un par de preguntas:
– ¿Cómo afectan las herramientas de networking social y de comunicación sus vidas? Si pueden enfóquenlo «bottom-up»: desde su economía y cuestiones básicas de subsistencia, hasta la recreación, educación y espiritualidad.
– Dando un un paso atrás y mirando en perspectiva; ¿de que modo andaríamos por la vida sin estar hiperconectados? ¿Cómo nos sentaría prescindir de las herramientas y de nuestros yoes virtuales? Y No me refiero a irse de vacaciones y sólo chequear cada tanto tu cuenta Gmail. Prescindir=borrar la «presencia digital».
Se animan a imaginarlo?


