
Cuando el objetivo es impulsar la economía de un país hay abundantes estudios que muestran que pocos factores pesan tanto como el nacimiento de nuevas empresas fundadas por emprendedores.
Es por eso que durante los últimos 10 años trabajo desde Endeavor para promover el emprendedorismo y así dinamizar la economía de mi país.
Pero hace algún tiempo que venimos teniendo una discusión dentro de Endeavor que me gustaría poner arriba de la mesa para promover el debate.
Si hubiera que optar, dónde concentrarían los esfuerzos:
a) En ayudar a emprendedores excepcionales, de muy alto nivel de preparación y red de contactos, que tienen el potencial de fundar grandes empresas y ser modelo a imitar para otros, pero que a la vez necesitan menos ayuda o, puesto de otro modo, tendrían buenas chances de ser exitosos de todos modos sin ayuda.
b) En ayudar a emprendedores más «normales», cuya capacidad, red de contactos y hasta modelo de negocio hace improbable el surgimiento de una gran compañía, pero que con la ayuda adecuada pueden prosperar para crear empresas medianas (y eventualmente alguna grande) y que sin apoyo tendrían una probabilidad mucho mayor de fracasar.
Si bien no es estrictamente obligatorio elegir, organizaciones como Endeavor necesitan definir un foco. Mi corazón siempre estuvo con la segunda opción. Ayudar a aquellos con los que seguro se hace una diferencia en el destino de sus empresas. Pero no se debe perder de vista que más allá de la ayuda que recibe el emprendedor, el objetivo final es promover el crecimiento económico como requisito para la prosperidad y la equidad de la población como un todo.
Esta semana recibí un artículo del Financial Times cuyo título es «All of the effort with none of the impact» («Todo el esfuerzo con nada de impacto») que cita un libro que afirma que todo el progreso económico es generado por los emprendedores a) y que los b) no tienen impacto alguno.
En un extracto, Luke Johnson afirma (traducción mía): «Los emprendedores que importan económicamente son los selectos pocos que empiezan empresas innovadoras y super exitosas. Estos tienden a ser los proyectos mayores, bien capitalizados planeados por equipos profesionales, no emprendedores individuales. Todos los demás pequeños nuevos negocios creados cada año son irrelevantes en términos de creación de empleo y valor agregado». Más adelante afirma: «Las teorías del autor, de ser correctas, tienen serias consecuencias sobre las políticas públicas. Ellas sugieren que las agencias gubernamentales deberían abandonar sus esfuerzos para promover la actividad emprendedora de tanta gente. En su lugar, deberían dedicar más energía al puñado de compañías en etapa temprana que pueden convertirse en el próximo Google o Dyson. Así, los recursos nacionales deben enfocarse en apoyar a las escasas, altamente ambiciosas, altamente productivas empresas que tienen una chance real de hacerla en grande. Injusto, tal vez, pero probablemente con sentido.»
Mi experiencia de trabajo como emprendedor en Officenet y otras empresas y habiendo acompañado a otros emprendedores me hace pensar lo contrario. Yo siempre estuve convencido de que la verdadera misión de Endeavor es apoyar a aquellos emprendedores sobre los que puede tener un gran impacto en el éxito o fracaso de sus proyectos. En estos años pude ser testigo de la creación de empleo de calidad, de la gestación de empresas excelentes que en escala pequeña o mediana transformaron en algo la realidad del país.
Cuesta creer que la suma de esos granos de arena sea igual a nada, en vez de una montaña.



